Conocerse a sí mismo

¿Quién soy?
¡Soy capacidades y valores!

Es necesario conocerse a sí mismo de modo físico, mental y emocional. Al menos tener una visión global mínima de la constitución de nuestro cuerpo para poder visualizar y entender lo que nos sucede e identificar el tipo de dolor que padecemos para hacer un primer análisis del mismo.

¡Somos nuestro mejor médico al percibir nuestras propias sensaciones y sentimientos!
Dentro de nuestro cuerpo circulan varias emociones, sentimientos agradables y menos agradables.

El cuerpo esta limitado al contrario de la conciencia que es ilimitada.

Nuestros pensamientos, vivencias, afectan a nuestro cuerpo y, como las emociones, son menos “palpables” que nuestro cuerpo físico, no siempre sabemos gestionarlas.
Tenemos que saber que cada emoción se guarda en una parte del cuerpo, lo peor sería querer controlarlas, a la emoción y a la sensación.

Controlar significa que algo desconocido nos da de modo inconsciente, miedo. Al revés, gestionar es acompañar y aceptar que sea la emoción o la situación dolorosa la que exista, únicamente, respirando y observando de manera neutra y contemplativa. De ese modo, nuestras capacidades de reflexionar serán más grandes y tendremos más facilidad de encontrar una buena solución a través de la tranquilidad, de la serenidad, y no del miedo, la rabia o la frustración, por ejemplo.

El hombre es un ser emocional, percibiendo profundamente los acontecimientos. Su deseo es el de ser feliz y, muchas veces, podemos constatar que las emociones extremas nos hacen perder el equilibrio.

¿Cómo se podría contemplar simplemente una emoción para gestionarla como si se observase una nube atravesando el cielo? Una de las respuestas que más me gusta proviene de los taoístas y consiste en practicar la ley de la repetición, observándola de manera neutra, utilizando la contemplación y la quietud. Poco a poco aceptaremos lo “desconocido”, con más equilibrio y menos miedo, dejándolo formar parte de nuestra vida de forma más serena.

Uno de los ejercicios que me gusta enseñar a mis pacientes, es hacer un listado de las sensaciones físicas y de los sentimientos (emociones). Una vez esta noción entendida y adquirida, observar en qué parte del cuerpo ese sentimiento está guardado y observar de manera neutra cuál es la sensación que nos genera, no con miedo, pero como si fuese algo “neutro” que estamos descubriendo, porque en ese mismo momento, nos estamos conociendo mucho mejor!

Sabiendo que tenemos sensaciones y sentimientos positivos y negativos, entonces con nuestra respiración podemos aliviar y oxigenar a esa parte de nuestro cuerpo, soplando y dejando que la tensión salga de nosotros. Al revés, si son sensaciones y sentimientos positivos, respirar profunda y conscientemente guardando en la memoria este momento de felicidad, de bienestar y de quietud.

Otro ejercicio que también me gusta enseñar para gestionar las emociones y/o los pensamientos negativos, es practicar el ejercicio de relajación: el Gesto Relax. Este ejercicio consiste en desconectarse a través de un gesto simple, común y discreto. El Gesto Relax permite relajarse en situaciones de angustia y enseña, mediante un simple gesto, a gestionar la situación desarrollando sensaciones positivas y sentimientos de serenidad y de bienestar para volver a encontrar confianza en uno mismo.

Cada vez que vamos a practicar nuestro gesto, de preferencia con las manos como, por ejemplo, tocar uno de nuestros anillos con el pulgar o con la otra mano, o que 2 dedos se toquen (pulgar con meñique) y, al mismo tiempo, ir visualizando un lugar agradable donde nos sentimos con seguridad y que, además, nos transmita un sentimiento de felicidad y tranquilidad. Podemos ir oyendo los ruidos agradables de ese lugar, observando los colores, el paisaje y luego le indicamos suavemente a nuestro cerebro que a través de este gesto, podemos redirigir nuestro pensamientos y percibir todas las sensaciones y sentimientos positivos de bienestar.

Ejemplo del ejercicio:
Para crear una memoria, haremos este ejercicio en casa, por ejemplo, cuando todo va bien:
- Nos sentamos y cerramos los ojos, observamos los ruidos del alrededor y los aceptamos tal cual nos llegan.
- Observamos ahora nuestra propia respiración y la dejamos fluir en todo nuestro cuerpo. Poco a poco, dejamos que esta respiración sea cada vez más tranquila y pausada.
- Con esa tranquilidad, visualizamos el lugar agradable que nos guste haciendo consciente nuestro gesto relax y asociándolos a sensaciones y sentimientos positivos.

Ejemplo de la playa: Si nos gusta estar en la playa en un día de sol, sintamos esa sensación del calor del sol en toda nuestra piel, en toda nuestra cara, y al tocar la arena: sensación agradable en la textura al contacto con las manos. El sonido del mar nos proporciona bienestar y descanso…. A esta visualización, añadimos nuestro gesto, diciéndonos conscientemente: cada vez que haré este gesto, estaré en este lugar tan agradable y sentiré todas las sensaciones y sentimientos agradables que, como ahora, nos permitirá relajarnos y dejar fluir todos nuestros malestares….
Si un día nos encontramos en una situación desagradable, y si no podemos cerrar los ojos, no pasa nada, fijaremos un punto en el espacio y haremos el gesto relax. Como ya lo hemos hecho antes de modo relajado, nuestro cerebro irá a buscar en su memoria esa vivencia positiva.

La mente se refleja, pues, en la respiración. Los yoguis conocen esto desde hace miles de años. Existe una conexión intima entre el pensamiento y la respiración, por lo que la mente y la energía vital se relacionan estrechamente. Somos una globalidad y al aprender a gestionar y a redirigir nuestros pensamientos y emociones nos conoceremos mejor y, por lo tanto, creceremos mental y emocionalmente.

Tenemos que saber y creer que dentro de nosotros tenemos varias capacidades y valores y, muchas veces, estamos más conscientes de nuestras limitaciones y no tanto de nuestras fortalezas.

¡Al conocernos mejor, abrimos las puertas de la felicidad! Hay que aceptar de modo sereno tanto lo negativo como lo positivo.

Ana Lombard
Terapeuta en gestión del estrés y creadora de iD-Stress.

 

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