Buscar consuelo en los dulces, una conocida señal de alarma ante el estrés y la frustración, como ilustra simpáticamente esta fotografía de Rick, que cuenta con Algunos derechos reservados.
Ya hemos hablado aquí como el estrés es una respuesta natural de nuestro organismo a situaciones de crisis. No debemos alarmarnos pues si nos sentimos alterados durante un breve periodo en el que tenemos un exceso de trabajo, nos estamos preparando para un examen, estamos cambiando de casa o cualquier otra situación de la vida que cambie nuestras costumbres y nos exija mayores esfuerzos. El problema sobreviene cuando lo que debía ser un “breve periodo” se alarga. Pero ¿cómo detectar cuando se trata de un estrés “bueno” y cuando llega la hora de actuar? A continuación te indicamos algunos signos que envía tu cuerpo para avisarte de que quizá, sea el momento de tomarte un respiro.
- Problemas de alimentación. Son muchas las personas que tienden a vincular la alimentación con su estado de ánimo. Si notas que estás comiendo mucho más de lo acostumbrado, o tiendes a consumir más productos procesados y azúcares o, por el contrario, has perdido el apetito o “te olvidas de comer” para luego picar “cualquier cosa”, es hora de actuar. Especialmente, si estos malos hábitos tienen por resultado cambios drástico de peso. Por otra parte, cuidar la alimentación y llevar horarios ordenados de comidas nos ayuda a estar más tranquilos y fuertes para hacer frente a las situaciones de estrés.
- Problemas de sueño. Es uno de los síntomas más habituales. Eso sí, vivimos en un país muy noctámbulo y, a menudo, el insomnio se disfraza de trasnochar o dejar trabajo (u ocio) para altas horas de la noche.
Si aparecen los trastornos de sueño, debemos actuar. No es una cuestión baladí y no se remedia con más café ¡Al contrario! El insomnio nos vuelve irascibles además de bajar nuestra resistencia ante el estrés. Así, si no atajamos el problema entraremos en un círculo vicioso que podría describirse como: menos horas de sueño = menos tolerancia al estrés = más consumo de bebidas excitantes = menos horas de sueño… y vuelta a empezar. Programar ocho horas de sueño, desconectar de todo tipo de pantallas (televisión, internet y smartphones), cenar ligero y un poco de lectura, música tranquila o un ejercicio de relajación antes de irnos a la cama, serán mano de santo en este caso.
- Cambios en el carácter. Por desgracia, trasmitimos nuestra intranquilidad a cuantos nos rodean. El estrés continuado, si además acaba derivando en problemas de sueño, nos vuelve más irritables. Nos sentiremos más sensibles, incluso ligeramente paranoicos, con todo tipo de pensamientos negativos y susceptibles ante cualquier cosa. Puede pasar al contrario: como mecanismo de defensa ante la situación que nos produce el estrés, nos volvemos abúlicos, “pasamos de todo” o nos insensibilizamos en extremo.
Si alguien cercano y “de confianza” te ha llamado la atención sobre alguno de estos aspectos, debes escucharle y poner remedio.
- Actitudes “peligrosas”. En situaciones de estrés es posible que comamos más o menos (en cualquier caso, siempre peor) y que durmamos menos, pero mucho más peligrosas e igualmente síntomas de este mal son las conductas adictivas. Si fumamos más de la cuenta (o hemos pasado de fumadores “sociales” a fumadores con todas las de la ley), bebemos un poco para tranquilizarnos o bien abusamos de excitantes como la cafeína, para compensar las horas de sueño, ha llegado el momento de echar el freno en nuestra vida y empezar a cuidarnos.
- Síntomas físicos. En los casos anteriores, podría decirse que el cuerpo nos grita socorro. En otros casos, el cuerpo envía señales más complicadas de entender para la mente. El estrés puede transformarse en todo tipo de problemas psicosomáticos. Dolores de espalda y cervicales, problemas en el aparato digestivo, cefaleas o migrañas, son algunos de las formas más frecuentes en las que nuestro cuerpo nos da “un aviso”.
En cualquier caso, debemos atender a nuestro cuerpo y cuidarlo (¡y no vivir de espaldas a él!) ante cualquiera de estas señales. Si la situación nos desborda, debemos pedir ayuda a profesionales. Aunque no debemos dejar que esto suceda y poner remedio de manera sencilla y natural en cuanto saltan las alarmas.
