Dejar fluir

Ahogado, sobrepasado, agobiado, ¿con ganas de volver a tener ganas?

Descubre los beneficios del dejar fluir.

Cuando llegan a la consulta personas estresadas, agotadas o que hacen malabares con miles de obligaciones y que además se imponen una supra-exigencia con ellos mismos, al hablarles del dejar fluir muchos me contestan “¡No, porque eso sería ser pasota, o es pensar que se me va de las manos!”. Lo asocian con ser fatalistas, vagos y demasiado calmados. El dejar fluir tiene mala prensa ¡Qué pena, pues hay muchos beneficios que sacar de ello!

 El espejismo del control

La búsqueda  del control permanente es una ilusión muy potente, nos posiciona en una relación de fuerza con nuestras acciones: tengo que, debemos, fulano tendría que… ya sea en las perspectivas hacia los demás o hacia uno mismo. Los objetivos finales se vuelven inaccesibles, ya que nos es imposible controlar la marcha del mundo. Entonces cuando los acontecimientos o las personas resisten a nuestra voluntad, entramos en una espiral de acumulación y de frustraciones, que generan agotamiento y desvaloración. En resumen, esta situación nos lleva al fracaso.  

 Rehabilitemos el dejar fluir

Parémonos un instante sobre el significado de dejar fluir. Hablamos de nuestra posición frente a la vida, sobre los hechos. Hablamos de abandono, por supuesto, pero que se vive de manera positiva. Conseguir dejar fluir, calmar tu mente como cuando te tumbas en la cama, es darse la oportunidad de observar un problema desde una buena distancia, de poder evaluar con serenidad y lucidez nuestro impacto real sobre su desarrollo.

Hermann Hesse, autor célebre de Siddharta, tiene esta bonita cita: “muchos de nosotros pensamos que aguantar nos hace más fuertes; pero a veces es el hecho de dejar fluir”.

Para aquellos que les cuesta entender esta manera de ver, les invito a imaginarse al timón de un barco. Cuando el viento sopla, no es cuestión de soltar el timón, sino de más bien de analizar de dónde viene el viento, y cómo aliarse con él sin enemistarse porque el viento será más fuerte que nosotros.Sobre el puente de este barco podemos proyectarnos y observar nuestras dificultades de modo neutro, sin prejuicios y sin límites. ¿Podría ser que el hecho de izar una vela basta para coger velocidad? ¿Podría ser que un cambio de cabo sería necesario para evitar romper el mástil? Nos toca a cada uno de nosotros encontrar nuestra respuesta desde la observación, pero siempre desde la serenidad.  

No equivocarse de diana

Dejar fluir implica aprender a relativizar, a poner perspectiva en las cosas (eventos o situaciones) y no darles una importancia desproporcionada. Me acuerdo de una madre que me contó que después de un día abrumador de trabajo, una carrera contra reloj para recoger a su hijo en el cole, hacer las compras y preparar la cena, había entrado en cólera porque su hijo no había obedecido a la primera orden de ir a ducharse. Sin embargo, esta disputa no le ayudó a sentirse más aliviada, al contrario. Mi tarea fue de ayudarla a darse cuenta que había descargado sobre su hijo toda la tensión acumulada durante su día, sin analizar que el verdadero problema era su programa/agenda demasiado cargado y no la falta de atención de su hijo pequeño.

Aprende a tomarte tiempo

Otra clave para salir de la espiral del control, es aprender a manejar tu reactividad frente a las situaciones. ¿Un problema surge y no sé cómo hacerle frente? Tomo nota, lo estudio, y admito que por el momento no tengo los recursos para solucionarlo y decido guardarlo en el cajón “en espera” de mi mente. Ya oigo algunos de vosotros decir: “Oh, que buena procrastinación”. Pues no, porque no se trata de negar o de no atender el problema, pero más bien de tomar distancia para encontrar la solución más eficaz. Creemos que tenemos que responder siempre a todo inmediatamente, y el tiempo es en verdad un bello regalo que hay que aprender a hacerse.

Soltemos las riendas de nuestro ego

En esta historia de dejar fluir también se invita a nuestro ego, ya que de una cierta manera renunciar a controlar todo, es aceptar (con la sonrisa) que no somos todopoderosos.

Esta toma de conciencia no quiere decir olvidarte de tu ego, porque eso sería anularse y negar tus deseos. Se trata más bien de aprender a conocerse mejor con el fin de respetar tus deseos respetando los de los demás. Dejar fluir es conseguir escuchar al otro, dejar florecer tu empatía, ser capaz de dar tu opinión sin rabia y sin sentir que estás amenazado por la opinión de los demás.

¿La clave de la serenidad? Saber escucharse a uno-mismo, de tu sensibilidad, de tus percepciones, esto llevará a tener una autoestima. Al aprender a escucharse, se aprende a tener confianza sin temor a ser el juguete (el resultado) de una situación o de una persona.

Os dejo meditar sobre esta cita del emperador y filósofo Marco-Aurelio, que resume con brillantez la ecuación del dejar fluir: “Dios, concédame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.”


Ana Lombard

Terapeuta Global – Cuerpo, emociones & estrés

Fundadora del Centro Enlace, “Terapias Naturales Cuerpo y Mente”

Creadora de idstress App

@AnaEnlace